EDIPO, EL HÉROE

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El mito de Edipo forma parte de la cultura griega, del trágico ciclo de Tebas y cristaliza en Sófocles de manera perfecta en su tragedia del mismo nombre.

Uno de los mitos más interesantes de la Grecia y que ha dado lugar a un intenso desarrollo dramático ha sido do el mito de Edipo. Alrededor de la historia que en él se desarrolla, se han ido entretejiendo diversos aspectos que pertenecen a la propia esencia del ser humano, lo que le hace intemporal y siempre actual. Edipo continúa siendo hoy un héroe tan actual como hace veinticinco siglos.

El mito de Edipo
En efecto, el mito de Edipo es uno de los grandes temas que se despliegan a lo largo del tiempo en Grecia dentro de las tradiciones primero orales y después escritas hasta llegar a su expresión literaria y teatral, dando lugar a uno de los ciclos de los que se nutrirá la dramaturgia y que llega hasta nuestro días con una fuerza siempre nueva, porque lo que él se contiene las pasiones y problemas intrínsecamente humanos que constantemente nos acompañan.
Ciertamente, cuando los griegos iban al teatro esperaban ver a personajes conocidos, procedentes de leyendas, de mitos. Su idea del teatro, o del arte en general, no se ceñía a la originalidad de los argumentos, sino a la calidad de la mímesis y de la representación. En todo caso, apreciaban, además del espectáculo, la “originalidad” del punto de vista del dramaturgo sobre lo que conocían bien.

Ciclos teatrales en Grecia
Dos ciclos princípiales recorren la tragedia griega. El de Micenas/Argos, cuya principal figura es Agamenón y el de Tebas. La principal figura del ciclo micénico es Agamenón, al que perseguirá la tragedia debido a su matrimonio con Clitemnestra, al sacrificio de su hija Ifigenia, su asesinato a manos de su esposa, la posterior venganza de Orestes y Electra y lo que a ambos ocurre.
En el ciclo de Tebas sobresale la figura de Edipo. Edipo era hijo de Layo, rey de Tebas, y de Yocasta. Un oráculo había anunciado que si tenían un hijo, éste mataría a su padre y casaría con su madre, acarreando la desgracia al linaje. El cumplimiento de su destino y el de su descendencia da lugar a una rica secuela de tragedias y de interpretaciones.


Lábdaco (el cojo), bisabuelo de Edipo murió despedazado por las bacantes, por haberse opuesto al culto a Dionisio. De este hecho nace la tragedia de los labdácidas, que afectará a toda la estirpe proveniente de Lábdaco.
Layo (zurdo), hijo de Lábdaco, padre de Edipo y marido de Yocasta (la que es famosa por su hijo), biznieto de Cadmo y rey de Tebas, es el padre de Edipo (pie hinchado). Layo tuvo que huir junto a Pélope, donde se enamoró de Crisipo, hijo de Pélope. Raptó al chico, y fue maldecido por Pélope. Al nacer Edipo o incluso antes, según tradiciones, se le profetizó que mataría a su padre.


Abandonado a su suerte el niño para que muriera es, sin embargo, rescatado y llevado a Corinto, donde le acogen los reyes de la ciudad. Para evitar el cumplimiento del oráculo, marcha de la ciudad y se encamina a Tebas. En un cruce de caminos, por una discusión de tráfico, quizá la primera documentada…, mata a Layo, su padre, ignorante de que lo era. Sigue su camino a Tebas, a la que libera de la Esfinge y donde se casa con Yocasta, su madre.





LA TRAGEDIA "EDIPO REY"

La tragedia de Sófocles titulada "Edipo rey" representa la perfección de la tragedia, según Aristóteles.


La tragedia Edipo Rey, de Sófocles, ha sido considerada ya desde Aristóteles, que la estudia con detención y la pone de ejemplo en su Poética, como la obra maestra de Sófocles y modelo de la tragedia griega. Se representó los años 430 y 425 a.d.C.

Modelo de tragedia
Una de las claves de su perfección se encuentra en la precisa estructura mediante la que se desarrolla, que sirve de modelo para estudiar la tragedia griega y de referencia y guía para otras obras. Su forma balanceada y precisa, le permite desarrollar la acción, siguiendo los cánones clásicos, de una manera armoniosa, al tiempo que cumplir los diversos propósitos que estructuran el teatro griego.

En la obra teatral de Sófocles, que desarrolla el motivo central del ciclo teatral tebano, no se recoge el mito de Edipo por entero, sino que comienza, en cierta paradójica manera, por el final. Se han cumplido el oráculo y ya Edipo ha matado a su padre y se casó con su madre, de la que ha tenido cuatro hijos/hermanos: Antígona, Ismene, Eteocles y Polinices. Los cuatro serán objeto de posteriores desarrollos dramáticos, muy especialmente Antígona, personaje protagonista de la gran tragedia de su mismo nombre.




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Edipo reina en Tebas, ignorante de haber cumplido el oráculo, confiado en que logró zafarse de él al marchar de Corinto y llegar a Tebas. Sin embargo, el oráculo se ha cumplido y aguarda ya en el mismo corazón de la ciudad el castigo que ha de cernirse sobre Edipo, independientemente de que éste haya obrado de manera voluntaria o no, porque la fuerza del destino y la ira de los dioses son independientes de la decisión humana.

Desde el punto de vista teatral, la obra comienza con un prólogo. Enfrente del palacio un grupo de ancianos y jóvenes, que llevan ramas de olivo, están sentados en actitud suplicante. El sacerdote de Zeus se dirige solo hacia el palacio. Edipo aparece acompañado por dos ayudantes, contempla a los ciudadanos y les habla. Se dirige a ellos como un rey preocupado por su pueblo y con genuino interés por solventar la situación. El sacerdote de Zeus le recuerda los actos anteriores que Edipo hizo en ayuda de Tebas y le suplica acabar con esa desgracia. Edipo responde asegurando su disposición a ello, y que ya ha mandado a Creonte, su cuñado, al oráculo de Delfos. En ese momento llega Creonte, quien comunica lo dicho por el oráculo. Que ha de castigar al culpable de la muerte de Layo. Edipo asegura que se ocupara de investigar lo que entonces no se hizo, pues se fiaron del testimonio del único superviviente de que un grupo atacó al rey Layo.


El conflicto dramático
El conflicto dramático queda planteado. Edipo, rey extranjero, pero amante de su ciudad, a la que ha ayudado en varias ocasiones, muy especialmente a librarse de la esfinge, promete encargarse de investigar quién fue el asesina de Layo, el anterior rey y su padre, para darle muerte, tal como el oráculo ha dicho. Ignorante de su propio destino, Edipo se convierte en el protagonista tanto de la investigación, como de la justicia, como del castigo. Él mismo se buscará a sí mismo en una indagación intensa y cada vez más trágica conforme se acerca a la verdad.

Su búsqueda sincera de su propio castigo, empujado por la fuerza implacable del destino, todavía nos estremece a los espectadores actuales, porque expresa de manera sublime la lucha del hombre contra aquello que le supera y frente a lo que no cabe ni voluntad ni esfuerzo, sino únicamente padecer su fuerza imperiosa. Cuando al final de la obra Edipo se hiera los ojos y se destierre de Tebas, no hará sino plegarse a lo inevitable, cerrar un círculo que le condena al hades de sí mismo. El infierno no son los otros, el infierno consiste en descubrir la propia verdad.


Catarsis
La catarsis de que habla Aristóteles en la Poética nos arranca imperiosa la piedad hacia este personaje que cae desde el reino al exilio, ciego, solo, atrozmente torturado por la culpa de algo que no puede evitar en manera alguna y el temor que anida en todos los hombres de verse es situaciones análogas a merced de lo que antes se llamaba destino.



ESTRUCTURA DE LA TRAGEDIA "EDIPO REY"


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La obra Edipo Rey de Sófocles es, sin duda, una obra maestra del teatro griego, tanto en tensión drámática como en estructura literaria. En el Prólogo (líneas 1-150, según la traducción de A. Alamillo en ED. Gredos 1982) se plantea la situación dramática. Los tebanos acuden a Edipo para que les libre de la peste que se ensaña con Tebas. Edipo se compromete a ello, tanto más cuanto que llega su cuñado Creonte de Delfos y relata que el oráculo profetiza la obligación de encontrar al culpable de esa situación y darle muerte.



Párodo

Sigue a continuación la “párodo” (151-215), el momento de entrada del coro, que se produce desde el lateral izquierdo del teatro. El coro está compuesto por ancianos tebanos. Invocan a Atenea y Ártemis, a Apolo y a Baco para que alejen de ellos al terrible Ares, después de contar la situación de la ciudad.


Primer episodio

Comienza entonces el primer episodio (216-462). Edipo desarrolla un monólogo en el que exhorta a encontrar al culpable de la muerte de Layo. En él se produce el tenso y magnífico diálogo con Tiresias, el adivino ciego, que no quiere hablar claramente, hasta que la insistencia de Edipo le hace enojar y le señala a él como culpable. Se puede considerar la primera peripecia de la obra, aunque Edipo no la reconoce y no se da por aludido. Edipo, airado, llega a amenazarlo y manda que se vaya del palacio, sugiriendo también que forma parte de un complot contra él tramado por Creonte.


Estásimo

El siguiente momento de la obra es un “estásimo”, canto del coro, (463-512) que reflexiona sobre lo acontecido en el capítulo primero.


Episodio segundo

El episodio segundo (513-862) comienza con la entrada en escena de Creonte, que protesta porque se le hace centro de una conspiración, Al punto aparece Edipo y se entabla entre ambos una agria discusión que hubiera acabado trágicamente de no mediar Yocasta entre ambos. Tres protagonistas en escena, un diálogo vivo y dinámico, la obra avanza con decisión hacia su objetivo. Yocasta intenta tranquilar a Edipo, y se produce la segunda peripecia de la tragedia, técnicamente la primera, cuando en vez de tranquilizarlo con el relato de la profecía del oráculo, engendra en Edipo la duda cuando le dice que Layo fue muerto en una encrucijada de tres caminos. Edipo interroga a Yocasta, y ésta dice que un servidor del rey sobrevivió, que es el único testigo. Edipo manda a buscarlo con el peor de los presentimientos rondándole la cabeza.



Estásimo segundo

Comienza el estásimo segundo (863-910), en el que el coro se pronuncia contra la insolencia y orgullo de Edipo y la impiedad de Yocasta.


Episodio tercero

En el episodio tercero (911-1850) ocurre la tercera peripecia. Un mensajero trae noticias de los padres putativos de Edipo en Corinto. Pólibo, el rey, ha muerto y los tebanos esperan a Edipo. Edipo, aliviado por no ser el asesino de su padre, teme que se pueda cumplir la parte del oráculo que vaticinó que se acostaría con su madre. El mensajero le informa de que Pólibo no era su padre ni Mérope su madre, y le cuenta cómo llegó él hasta Corinto. Un pastor es testigo de esto, al que se manda a buscar inmediatamente. Yocasta, que ya ha comprendido todo, conmina a Edipo a que no busque al pastor ni otra explicación.


Estásimo tercero

El estásimo tercero (1086-1109) ensalza el nombre de Edipo y remite a un posible origen divino de éste.


Episodio cuarto

En el episodio cuarto (1110-1185) sale a la luz la verdad. En ella tiene lugar la peripecia que va a llevar al reconocimiento (anagnórisis) de todo por parte de Edipo. El pastor aparece y relata los hechos, el rescate de Edipo niño, su llegada a Corinto. Edipo, entonces, tiene ante sí la verdad (anagnórisis) que le arranca un grito de angustia.



Estásimo cuarto

Canta el coro el estásimo cuarto, en el que se lamenta de la suerte de los hombres y del infortunado Edipo.


Éxodo

En el éxodo se narra la catástrofe mediante un mensajero que sale del palacio. Cuenta la muerte de Yocasta, que se ahorca, y cómo Edipo, con los broches de su vestido, se hiere los ojos. En un emotivo final, Edipo y el coro entrelazan sus cantos de dolor y desgracia. Entra en escena Creonte y Edipo le encarga el entierro de Yocasta y que cuide de sus hijas mientras él marcha al exilio.


En unos últimos versos, el corifeo recuerda la caída de Edipo y concluye que nadie puede considerar dichoso hasta el final de la vida.


La tragedia perfecta alcanza su final.